El teléfono descompuesto: entre un hallazgo científico y una nota informativa

Cuando estoy con conocidos, amigos o familiares, es divertido cuando se enteran que soy científica (mi área es la neurobiología) e inmediatamente consideran que mi cerebro es una fuente inagotable de conocimientos. Quizá por esta razón, en esta época de pandemia, en las reuniones virtuales, videollamadas, llamadas o por mis redes sociales y chats recibo una gran cantidad de preguntas muy variadas en relación al SarsCov2, la COVID-19, la pandemia y el confinamiento. Esas preguntas son resultado directo haber leído una nota, visto una noticia en TV o por los chats les llegó una comentario viral de un medicamento, un hallazgo científico o cura milagrosa que nos sacará del confinamiento y la pandemia en un dos por tres. ¡Nada más lejos de la realidad!

 

Por esta razón fue que cuando me enviaron y leí la nota que un medio de comunicación publicó a principios de marzo, titulada “Covid-19: ¿Una copa de vino podría combatir al coronavirus?”, pensé que ¡ésta era la gota que derrama el vaso!. Decidí entonces abordar el tema del gran daño que genera una comunicación malinterpretada, distorsionada, manipulada o tergiversada. Y más aún cuando proviene de “fuentes confiables” con gran influencia en los receptores, citando el trabajo de científicos y universidades reputadas.

 

La ciencia lleva su tiempo. Los hallazgos, descubrimientos y desarrollos científicos siempre deben considerarse seriamente como avances al conocimiento básico. Solamente cuando un conjunto de conocimientos es suficiente en un área o tema en particular, entonces puede ser aplicado y podemos ver de manera tangible el resultado.

 

Desinformación y mitos contra el SarsCov2

 

Esa nota a la que me refiero, con su título provocador y su párrafo introductorio: “Los beneficios de beber vino son muchos, pero tal parece que Mien.Chie Hung, un biólogo molecular, encontró en su estudio una sustancia “protectora” contra el Covid-19”, seguramente ya invitó al lector a tomarse una copa de vino o bien a recomendar su ingesta como un protector contra el SarsCov2 y su enfermedad COVID-19.  Leyéndola con detenimiento, resalta que se refiere al hallazgo en que el ácido tánico (una molécula polifenólica que se encuentra presente en muchas especies de plantas y sus frutos, entre ellas la Vitis vinífera o vid que produce las uvas con las que se elaboran los vinos) inhibe un par de enzimas del coronavirus impidiendo que penetre a las células, hasta ahí, todo parece ir bien, sin embargo, en su segunda parte hace referencia a los beneficios de tomar una copa de vino, pero omiten resaltar que los resultados van enfocados a desarrollar terapias antiCOVID19 y que los autores de dicha investigación no mencionan la ingesta de esta bebida como “protector” ante la infección por SarsCov2. Cabe mencionar que otros laboratorios también andan tras la pista de esas dos proteasas producidas por dicho virus, con el fin desarrollar fármacos para el tratamiento de la COVID-19. 

 

Como esa, muchas otras notas, noticias y bulos siempre circulan y se han hecho virales a lo largo de los años creando historias e histerias colectivas, así como mitos que cobran fuerza y son difíciles de refutar. Sin embargo, no todos los bulos y mitos son generados por una mala interpretación de la información en los medios de comunicación o redes sociales, aunque estas últimas si son responsables de perpetuarlos. 

 

Impacto en la vacunación antiCOVID-19

 

Tal es el caso de uno de los más lamentables fraudes científicos que creó el mito de que las vacunas producen autismo. Hace poco más de 20 años, en 1998, Andrew Wakefield publicó un artículo en el que vinculó la vacuna triple viral con el autismo, aunque el documento fue retirado eventualmente y los autores se retractaron de la información ahí vertida, el daño ya estaba hecho y prevalece hasta nuestros días, siendo su gran representante el movimiento antivacunas que ha hecho creer a muchos que éstas son inseguras, generan autismo y otras deficiencias mentales.

 

El mito, que tanto daño ha causado, se ha reavivado con el tema de la vacunación antiCOVID19 y ha generado reticencia en ciertos sectores de la población para acudir a vacunarse. Han circulado infinidad de rumores contra las vacunas desarrolladas para combatir la actual pandemia,  cuando lo único cierto es que éstas no se inventaron de la noche a la mañana, todas ellas tienen años, si no es que décadas, de aportaciones científicas que las soportan. En conjunto, los avances científicos en el área permitieron elaborar y ensamblar nuevas vacunas rápidamente. Algunas fueron diseñadas con metodologías novedosas nunca antes probadas en humanos, pero comprobadas en varios laboratorios científicos desde hace décadas para otros virus similares, como el SARS y el MERS. Es por ello que estuvieron disponibles más pronto de lo esperado y en algunas personas provocaron suspicacias.

 

En estos momentos es importante e imperativo no creer a pie juntillas todo lo que se pública, sino ser responsables con lo que compartimos en redes y revisar que provenga de fuentes confiables y verificadas. No nos dejemos llevar por noticias falsas e imprecisas o por titulares amarillistas y escandalosos que prometen o promueven curas o protecciones milagrosas ante el SarsCov2. Todas las vacunas en circulación en este momento son efectivas,  nos darán protección para afrontar la COVID19,  nos ayudarán a remontar la pandemia de SarsCov2 y  a salir de este evento fortalecidos  en el plazo más corto.

 

Si sospechamos que hemos sido contagiados o estamos desarrollando la enfermedad, contactemos a las autoridades sanitarias de nuestra comunidad,  asistamos a realizarnos las pruebas rápidas y procuremos atención médica inmediata. Por último, no dejemos de vacunarnos cuando nos corresponda.

 

Pilar Durán Hernández es neurobiología del desarrollo y ritmos biológicos e investigadora Titular adscrita al Depto. Biología Celular, Facultad de Ciencias, UNAM

Contacto:  pduran@ciencias.unam.mx