El origen de la pandemia

Los coronavirus usualmente infectan a una gama amplia de animales. En algunos la infección ocurre sin causarles mayor daño, probablemente debido a que han evolucionado juntos por miles de años y que con el tiempo han logrado limar sus asperezas. A estos animales que permiten la reproducción limitada del virus sin que los enferme se les llama reservorios. En el caso del coronavirus responsable del SARS, el reservorio fueron las civetas y en el caso del coronavirus del MERS, los camellos y los dromedarios. Con estos datos en mente, se tiene la certeza de que la primera víctima de esta nueva epidemia se contagió por estar en contacto estrecho con un animal silvestre y no necesariamente dentro del mercado de Wuhan. Por ello las autoridades chinas han prohibido el tráfico y la venta de animales silvestres.

 Para que un virus de un animal pueda infectarnos, tiene que pasar por una serie de mutaciones que le permitan infectar células humanas y replicarse en ellas. En un inicio, estas mutaciones permiten al virus “saltar” del animal al humano. No obstante, la infección es deficiente y los contagios entre humanos son poco comunes. Para que el patógeno pueda transmitirse ágilmente de humano a humano se necesita que el virus adquiera nuevas modificaciones en su genoma. Cuando esto ocurre, puede surgir una epidemia. En algunas ocasiones, los virus adquieren otras mutaciones que aumentan todavía más su capacidad de infectar. El problema es que nuestro sistema inmune no está preparado para combatir el nuevo patógeno; es decir, no tenemos defensas específicas contra la enfermedad que produce.

El análisis del genoma del 2019-nCoV también sugiere que este nuevo virus es un “híbrido”. Por una parte, es claro que está emparentado con coronavirus que viven en los murciélagos, al igual que el virus causante del SARS. Por la otra, se encontró que una fracción de su genoma surge de otro coronavirus presente en una especie animal aún por identificar. La fracción involucrada es precisamente la que tiene que ver con los elementos que forman los picos del virus y que, como ya mencioné, tienen un papel crucial en los primeros pasos de la infección.

Un grupo multidisciplinario de investigadores chinos sugirió que las serpientes podrían ser ese reservorio, pero pronto se demostró que sus conclusiones fueron prematuras. Recientemente, los doctores Liu-Chen y Chen publicaron en la revista Viruses un análisis de los virus de los pangolines y encontraron coronavirus muy parecidos al 2019- nCoV, lo que apunta a que quizá el reservorio sea este pequeño mamífero que se trafica ilegalmente en China para utilizarlo en la medicina tradicional de ese país. Los pangolines no estaban en las listas de animales que se vendían en el mercado de mariscos de Wuhan, quizá porque su tráfico se castiga con 10 años de cárcel.

Publicado en  Revista ¿Cómo Ves?

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