COVID-19: el reto controlar la pandemia

Sólo hay una forma de combatir una epidemia: identificar la fuente inicial del virus (el reservorio) y cortar todas las cadenas de contagio. Es fácil decirlo, pero muy difícil llevarlo a cabo ya que hay que tomar en cuenta numerosos factores y escenarios. 

En México, nuestro Instituto de Diagnóstico y Referencia Epidemiológicos (INDRE) tiene los equipos y el personal para enfrentar la situación, al menos en sus inicios. Si los casos se presentan con la magnitud y velocidad con que están ocurriendo en China, estaríamos en problemas y más teniendo en cuenta que el sistema de salud de nuestro país ha sufrido recortes y la distribución de medicamentos no es lo suficientemente ágil. Urge desarrollar un metodo de diagnóstico rápido que no requiera de aparatos sofisticados y pueda llevarse a cabo en clínicas poco equipadas.

Por su parte, febrero pasado en China se decidió incluir como casos de COVID-2019 a aquellos pacientes a quienes se les detecte una infección pulmonar por medio de tomografía computarizada, un estudio médico costoso, aunque no hayan sido diagnosticados con pruebas genómicas. La medida hasta ahora sólo se aplica en la provincia de Hubei.

El segundo problema, y probablemente el más importante, es contar con las instalaciones suficientes y adecuadas para aislar y tratar a los enfermos en función de la capacidad de transmisión del virus. Si este es poco contagioso habrá pocos enfermos que aislar y que tratar. Si es muy contagioso, el número de enfermos será tan grande que difícilmente se tendrán los recursos suficientes para contender con la epidemia.

Además hay que considerar la velocidad con que aparecen los síntomas. Si una persona se enferma pronto y se aísla, las posibilidades de que siga contagiando a otros disminuyen. Pero si se vuelve contagiosa antes de que aparezcan los primeros síntomas, las dificultades aumentan, como se sospecha que esté ocurriendo actualmente en China.

 Ese país ya está actuando con un brío envidiable para hacer frente a la epidemia. Por ejemplo, para mitigar la transmisión de la enfermedad no sólo ha puesto a algunos enfermos en cuarentena sino a ciudades enteras en las que el tránsito de personas y de insumos ahora está controlado. Se estima que el número de personas bajo estas restricciones ronda los 50 millones. También es loable que el gobierno chino esté construyendo hospitales en tiempo récord para tratar a los pacientes afectados por la nueva enfermedad.

En este mundo globalizado en el que una persona puede viajar de un lado al otro del mundo en pocas horas, la epidemia del coronavirus no sólo es un problema de China sino de todos los países. China tiene vuelos que llegan a 50 destinos internacionales, incluyendo México. En un intento de disminuir la transmisión dentro y fuera de China, el aeropuerto de Wuhan está cerrado desde el 23 de enero (pero no otros aeropuertos). De hecho, en el momento en que escribo este artículo ya hay casos confirmados en 25 países, pero la mayoría de ellos están vinculados a viajes a China. Si se toman medidas adecuadas en todos los aeropuertos que reciban vuelos de allá, habrá más oportunidades de contender con la enfermedad, aunque todavía no es claro qué tan efectivas serán tales medidas. Como precaución algunas aerolíneas europeas han cancelado todos sus vuelos a China. Lo que debemos evitar es que se formen nuevas cadenas de contagio locales, tarea seguramente difícil.

Publicado en  Revista ¿Cómo Ves?

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